jueves, 21 de julio de 2011

LA FALACIA DEL OLIMPISMO


Desde la página "NO MÁS PANTANOS" nos hacen llegar este articulo sobre las falsedades del progreso y el olimpismo. Este es un artículo publicado por Francesco Pastorelli (Gerente de CIPRA en Italia) en la revista "SzeneAlpen" (nº94). Compartimos su recomendación y espero que, de forma muy especial, los responsables de las protocandidaturas Zaragoza y Barcelona 2022, reflexionen sobre su contenido...


Las ruinas de Turín
Juegos Olímpicos aportan a las regiones fama y auge. Durante dos semanas.
Quedan infraestructuras sobredimensionadas, deudas y camas frías.
Unas conclusiones acerca de Turín, cuatro años después de los XX Juegos de Invierno.

En febrero de 2006 la vista del mundo estaba dirigida hacia Turín: la capital de Piamonte en Italia era sede de los XX Juegos Olímpicos de Invierno. La mayor parte de las competiciones tenían lugar relativamente alejadas de Turín, en pequeñas poblaciones de montaña.
Los Juegos Olímpicos de Invierno deben permitir a las regiones periféricas una reformulación completamente nueva del turismo. El sistema actual basado en segundas residencias y turistas de fin de semana no resultaba rentable. Se debían crear camas hoteleras y el magno evento debía contribuir al establecimiento de un turismo de calidad, que no es tan dependiente de la temporada estacional.
Se resaltaba que también los municipios vecinos en las montañas que no estaban directamente involucrados con los Juegos, se beneficiarían a largo plazo. Hoy, cuatro años más tarde, en los valles alrededor de Turín el gran desencanto tiene lugar. A primera vista no ha cambiado gran cosa: largas colas de coches los fines de semana, los pueblos olímpicos transformados en segundas residencias, alza de turistas el fin de año. Durante el resto del año los habitantes de las montañas se quedan solos con sus “catedrales olímpicas” y los gastos derivados.

¿Cargar con las deudas o demolición?

Cuando se habla de un macro acontecimiento deportivo –con todos sus efectos laterales antes, durante y después–, se tiene que distinguir entre aquellos que se desarrollan en una gran ciudad como Turín, y aquello que sucede en las zonas de montaña vecinas. Una gran ciudad está más acondicionada que una pequeña población para soportar un magno evento deportivo. Claramente se puede ver esto en muchas instalaciones deportivas construidas ex profeso para los Juegos Olímpicos de Invierno. Así se pueden utilizar después de los Juegos las instalaciones para las competiciones de hielo en Turín para otros acontecimientos deportivos, musicales o culturales sin pérdidas, porque están ubicadas en una metrópolis con una gran zona de influencia.
Esto no se puede aplicar a las instalaciones ubicadas en los pueblos de montaña. Las instalaciones para los saltos de esquí –o las competiciones de bobs–deportes que no tienen en Italia ninguna tradición y mucho menos en los Alpes occidentales, y que solamente los practican muy pocos deportistas, no se utilizan a penas o incluso están relegadas al olvido. Los enormes costes de funcionamiento gravan fuertemente a los municipios de montaña. Dado que los municipios no pueden sufragar los costes para su mantenimiento, amenaza la demolición. Esta es la parte menos esplendorosa de los Juegos Olímpicos.

Millones en saco roto
En el caso de las instalaciones deportivas se trata de infraestructuras que han costado mucho dinero y que seguirán costando en el futuro. Sólo los trampolines de esquí costaron 35 millones de euros. La pista de bobs refleja un resultado de más de 60 millones. Su mantenimiento se traga anualmente entre 1,6 y 2,2 millones de euros respectivamente. Los costes derivados del perjuicio al medio ambiente no están contemplados.
La explotación de los palacios de hielo en Torre Pelice y Pinerolo –dos pueblos situados a la entrada de los valles de Susa y Chisone– tampoco es rentable después de los Juegos Olímpicos. Y no hablemos de las instalaciones de tiro del biathlon. Esta instalación ha costado 25 millones de euros y dormita ahora bajo una capa de nieve. En la Pista de fondo -20 millones de euros- ya hace tiempo que no se celebra competición oficial alguna; sirve hoy en día como simple ruta turística. En verdad se han aprovechado los valles, que junto a la ciudad de Turín fueron sedes de los Juegos, de la mejora de la red de carreteras, que de todos modos eran imperiosamente necesarias. Globalmente no se ha mejorado la oferta de los transportes públicos en los valles. Las poblaciones en los valles de Susa y Chisone siguen siendo difícilmente accesibles con transporte público –aunque durante las dos semanas que duraron los Juegos quedó demostrado que un sistema de transporte público también puede ser eficiente en las montañas–. Pero como se sabe, todo funciona durante estos macro acontecimientos a la perfección mientras se está en el punto de mira mundial. A la que se baja el telón, las cámaras de televisión dejan de emitir, los atletas y periodistas han partido, todo vuelve a ser como antes. De los cientos de millones de euros que se metieron en saco roto y de los inconvenientes que tuvo que soportar la región durante los muchos años que duraron las obras no habla nadie.

original (en alemán) en:
SzeneAlpen Nr. 94: Megaprojekte: Geld oder Leben?
Welchen Zwecken Grossprojekten in den Alpen dienen.

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